ETAPA 0: 31 de Mayo y 1 de Junio de 2009. Jerez – León.
El Domingo, dia 31, empecé el Camino de Santiago. La etapa consistía en desplazarme desde Jerez hasta León, donde empezaría mi peregrinaje hasta Santiago de Compostela. El autobús salía de Cádiz a las 21.10. Así que a las 17.00 estaba preparándolo todo para coger el tren para Cádiz. Recuerdo que ese día estaba jugando Rafa Nadal con Soderling, que lo eliminó de Roland Garros. ¡Vaya faena!
Primer contratiempo: el chófer me dice que la bici hay que meterla en una caja. Yo me cagué (mentalmente) en su puta madre. Al final me dejó meter la bici, con cara de lo que es: cabrón.
El viaje fue una autentica ruina. Llegué a León el Lunes, 1 de Junio, a las 15.00. Las cuentas son claras: 18 horas de viaje. ¡En qué país vivimos!.
Una vez encontrado el Albergue de las Hermanas Benedictinas (donativo), me duché, lavé la ropa y la tendí. Y nada, a pasar la tarde. Allí conocí a un girondense y a un donostiarra. El girondense hacía el camino a pié y por etapas. El donostiarra hacía el camino desde Roncesvalles por cuarta vez. Este último era un personaje auténtico.
Al final, a propuesta del de donosti, dimos una vuelta por el ‘Barrio Húmedo’ de León (junto al albergue) y nos tomamos unos vinos de Bierzo y unas tapas. Esa zona es muy buena para salir por lo que dicen.
Por lo demás, a dormir muy temprano para empezar el siguiente día. Por cierto, tuve que dormir, cama con cama, con un alemán, que movía mucho, una cosa horrible. En fin, en un dormitorio de unas 80 personas había de todo: roncadores, insomnes, etc.
ETAPA 1: 2 de Junio de 2009. León – Rabanal del Camino.
Un Martes empecé el camino. Me levanté temprano, con tanto ajetreo de gentes haciendo maletas era imposible seguir durmiendo. Me puse mi indumentaria de presunto ciclista y recogí el equipaje. Antes de salir tuvimos un desayuno gratis en el Albergue. Nos lo servía la hospedera francesa, jubilada ella. Esta mujer se jubiló y dijo: “me voy de voluntaria al Camino de Santiago”. Muy respetable, por cierto.
Me despedí del girondense
y del de donosti, a los que encontré en el patio del albergue. Y empecé mi peregrinaje. La salida de León es bastante fea y poco señalizada. Se dice que hay que seguir las conchas del suelo, etc. Pero que va, por todas partes encontrabas a peregrinos preguntando…..un despropósito.
Tras perderme varias veces encontré la senda. El camino por allí no es muy bonito, Transcurre a ratos por carriles, pero siempre junto a la carretera, lo que quita mucha vistosidad.
Era el primer día y tenía intención de ir rápido para estar seguro de que no había ningún contratiempo y poder hacer las tres etapas proyectadas. Así llegué a Villadangos del Páramo, donde entré a la Iglesia Parroquial (preciosa) y sellé mi credencial. Había terminado la primera etapa a las 9.00 o poco más. Todo iba rodado.
Continué con la segunda etapa. Había que llegar a Astorga, pero ya sin prisas. Pero antes pasé por el Puente sobre el río Órbigo, de origen romano, el cual me causo gran impresión, me gustó mucho. Además allí fotografié a un señor que estaba pescando truchas, que es una cosa que por mi tierra no se hace.
Continué adelante y así llegué al tramo jodido de la jornada. En los 12 o 15 kms previos a Astorga
el carril se convierte en una multitud de piedras, grandes y sueltas, que hacen absolutamente penoso el avance por esas tierras leonesas. Pero se pudo llegar a Astorga a las 12.30 o 13.00 horas. Sellé en el Albergue de los Amigos del Camino (Donde tuve que hacer de traductor, porque el hospedero era extranjero: cosas del camino). Me fotografié en la Catedral y en el Palacio Episcopal. En la explanada junto a este palacio me comí una empanada de atún que conservaba desde el día anterior (era mi cena, que sustituí por los vinos y tapas).
Hasta Rabanal del Camino la travesía no tuvo mucha historia. Aún no sabía que los ciclistas suelen hacer camino hasta las 18.00 o 19.00 horas, así que empezaba a ir preocupado por la hora, creía que se me hacía tarde. Durante todo el día fui conociendo a grupos de ciclistas. Por un lado estaban 4 Murcianos (o tres, uno era de almeriense) que iban con una Mercedes Vito de apoyo. Encontré a 4 madrileños (uno de los cuales, con maillot de Banesto,
tuvo muchos problemas al día siguiente). Los cuñados de Palencia. Estos entrañabilísimos peregrinos eran los mejores, nadie desayunaba, comía ni cenaba como ellos….qué manera de vivir. Después, una vez había parado en el albergue vi pasar a Enrico y Javi, que durmieron esa noche en Foncebadón. Ya hablaré de ellos.
Esa tarde-noche estuve conversando con un matrimonio de Toledo, por lo que se veía muy aficionados al Camino. También con un barcelonés orondo, que decía que tenía una Cannondale. Gran tipo este. Y con una pareja joven de tinerfeños, a los que se les notaba la ilusión de hacer la travesía. A estos últimos los encontré el día siguiente en la Cruz do Ferro.
ETAPA 2: 3 de Junio de 2009. Rabanal del Camino – Alto do Poio.
Aquella noche dormí notablemente mejor que la primera. Se notó considerablemente que había menos gente en el albergue (la habitación era de 12 personas). Quizá merece mucho más la pena pagar 5€ por un albergue que ir a otro gratuito en el que nadie te asegura el descanso.
Recogí la bici, monté toda la parafernalia, me despedí del matrimonio de Toledo, del barcelonés de la Cannondale y empecé a rodar por carriles que tuve que abandonar debido a que no era posible circular por ellos (obstáculos en forma de piedras y de peregrinos andantes).
Ya por asfalto comprendí que tuve que hacer más kilómetros el día anterior. El puerto de montaña hasta la Cruz de Ferro, pasando por Foncebadón, no era ninguna bacalá. Había que subirlo, pedalada a pedalada. Pero, con las piernas frescas, no fue muy difícil. El problema era que en la etapa también se incluía la subida a O Cebreiro (dos colosos en un dia).
Alguna foto en la Cruz de Ferro y comentarios con la pareja de Tenerife. Allí conocí a un grupo de 3 madrileños (1 de los cuales no llegó a Santiago) que me prestaron su aceite para engrasar la cadena de mi bici, maltratada el día anterior. Con ellos comencé la bajada del puerto del Acebo. Peligrosa, muy peligrosa para quien, como yo, baja con miedo. Ellos se quedaron detrás y yo continué, parando para sellar en el Acebo, hasta Molinaseca, donde desayuné y volvimos a encontrarnos. Alguna que otra foto en aquel hermoso pueblo y a seguir camino. Próxima parada: Ponferrada. Por cierto, en El Acebo compartí una charla con 2 vitorianos, muy aficionados a la bici. Más tarde, a la hora del almuerzo hice algunos kilómetros junto a ellos.
Una vez llegué a Ponferrada, donde solo fotografié el imponente castillo, me encontré con el grupo de cuatro de Madrid, que empezaban allí la etapa pero que todavía no habían dado una pedalada. Uno de ellos, como ya he dejado escrito, con maillot de Banesto, no sabía que esa tarde tendría la ‘pájara’ de su vida en la subida a O Cebreiro.
Superada Ponferrada el siguiente objetivo era Villafranca del Bierzo. Esos 23 kms se me hicieron algo largos, supongo también que por la hora (previa al almuerzo). Se atravesaron campos de vides, donde me encontré a un tipo, a pie de camino, vendiendo cerezas del Bierzo (fué el primero que encontré, aunque fuerón varios/as). En este tramo compartí media hora de camino con un cicloturista autóctono de 70 años, que me estuvo dando consejos, supongo que sabios.
Y se llegó a Villafranca del Bierzo, tras un último tramo de tierra rojiza y de trialeras de mediana consideración. En este pueblo
compré 250 gr. de las dichosas cerezas a una chica, bien parecida ella, que se empeñaba en hacer hincapié en que el precio era ese porque pagaba impuestos (y me enseñó los papeles….). Sellé en un albergue regentado por un tipo un tanto gilipollas en mi opinión. Después, algunas fotos con los cuatro de Murcia y a seguir, con ellos en principio.
A partir de este punto solo había un pensamiento posible: subida a O Cebreiro. En toda esta zona los parajes empezaban a ser bellísimos, mucha vegetación, no mucho parecido con mi soleada tierra. Y llegó la subida y con ella dos opciones: seguir por carretera o tomar el sendero. Pues me lancé al sendero, que estaba muy malo, totalmente empedrado. Empecé subiendo bien, yo le podía al camino, incluso aguantaba los parones que tenía que hacer para que me abrieran paso. Así hasta que llegó un momento en el que aquello era impracticable. Tuve que poner el pie en tierra y subir un buen tramo empujando la burra. Estre tramo creo que fué entre La Faba y Laguna de Castilla.
En este último pueblo me encontré con los cuñados de Palencia que, como era norma en ellos, estaban almorzando ‘como Dios manda’. Llegué en un estado lamentable, no me vi por fuera pero tendría que dar lástima.
Junto a la mesa de los cuñaos almorcé, acompañado por una guiri que llevaba un mes haciendo el camino y que en ese momento bebía vino de Galicia (supongo que ribeiro) mientras se cocinaba la sopa de ajo. Mi almuerzo fue genial: patatas fritas con huevos y bacon. Para beber fué una jarra de cerveza.
Hice un poco la digestión mientras practicaba mi desgastado inglés con la guiri. Y continué hacia O Cebreiro, donde en principio tenía pensado pasar la noche. Este tramo también era posible hacerlo por carretera, pero nuevamente (erre que erre) preferí el sendero. En el trayecto adelanté a los cuñados que, desde la carretera, estuvieron viendo como estuve a punto de besar el empedrado suelo.
Y al fin llegué a O Cebreiro, donde encontré a los cuatro de madrid, los cuatro de murcia y los cuñados. Una charla muy amena, pero no podía
quedarme allí esperando como el albergue se llenaba y yo me quedaba sin sitio para dormir. Así que continué con los cuñados camino del primer albergue disponible. Estaba absolutamente vacío. Y mi error fué precisamente querer encontrar un albergue a toda costa, eso hizo que el trayecto se me hiciera interminable. Pero llegamos y encontré cama en el Bar Alto do Poio, regentado por la señora Remedios, su hija y su hijo, todos ellos hospitalarios, como suele ser normal. Allí estuve con Rafa (de Chipiona) y con Remedios (de Jerez, como yo) que hacían el camino para recaudar dinero para ayudar a enfermos de alzheimer: www.caminoderafa.com. Y allí pasamos la noche los tres andaluces rodeados de guiris, uno de los cuales era roncador profesional. Dormí bien, esa noche fermentaron 115 kms en mis piernas.
ETAPA 3: 4 de Junio de 2009. Alto do Poio – Mélide.
Después de prepararlo todo para emprender el camino, lo primero que hice fue despedirme de mis paisanos deseándonos mutuamente buen camino. A partir de ahí el primer inconveniente, fatal para mi: la niebla. Ésta no se disipó hasta bien entrada la tarde, una vez había dejado atrás Portomarín.
La travesía comenzó sin visibilidad por la mencionada niebla y cuesta abajo. Si no hubiera sido tan temprano, el terreno era propicio para hacer muchos kilómetros en poco tiempo. Además tuve un percance: la cala del zapato izquierdo se aflojó y tuve que parar a solucionarlo.
Mas tarde paré en Tricastela a desayunar. Las camareras gallegas se dedicaban a mirar por las cristaleras y ponderar el aspecto físico de los viandantes, peregrinos y operarios, que estaban arreglando algo por allí. De mí dirían algo, hablaban de todos, pero no pregunté. Desayunando entró un peregrino guiri a pedir un taxi para que le llevara a Samos (20 kms menos de camino, un dia).
A partir de aquí había algún tramo empedrado, similar al de la subida a O Cebreiro. Así que algúnos kilómetros los hice por asfalto. En Samos me hice las primeras fotos del dia, en un monasterio que había por allí. Pero con el asunto de la niebla no me encontraba yo muy animado.
La verdad es que el camino por estos parajes era precioso, vegetación y agua, agua y vegetación por todas partes, una maravilla.
Y así llegué a Sarria, pueblo en el que me demoré para limpiar (en una gasolinera) y engrasar la bici (compré un bote de aceite en una tienda) y tomar algunas fotografías.
A la salida de Sarria hay una subida tremenda aunque aderezada por unas vistas interesantísimas. Todo este camino, en sus primeros kilómetros son auténticamente rompepiernas, aunque mejoran cuando ya no queda mucho para Portomarín, lugar al que se llega después de una larga bajada. En estas bajadas comprobé cómo unos valencianos se empeñaban en poner en peligro a los demás peregrinos y a ellos mismos. Esto es lo que no debiera permitirse.
La llegada a Portomarín: la imagen del pueblo a orillas del Duero, el puente, aquellas aguas calmas, son un paraje absolutamente fabuloso. Un pueblo bonito y un lugar en el que comer, que ya era la hora (13.30 más o menos).
Compré el almuerzo en un supermercado, probé el pulpo a la gallega de lata a propósito, ya que el objetivo del día era llegar a Mélide, para comerlo en Casa Ezequiel, de reputada fama.
Los 24 km entre Portomarín y Palas de Rey se hicieron monótonos a ratos, había algún tramo junto a carreteras nacionales que lo deslucían un poco al principio. Después mejoró, cruzando muchos pueblos semidesiertos pero con encanto. Sucede que al principio sorprende y después tomo recobra un aire de normalidad que no los convierte en prescindibles, pero casi. Poco antes de llegar a Palas de Rey me encontré con Enrico y Javi (los de Pamplona) que habían pinchado, la rueda trasera de Javi ya no tenía dibujo.
Así es que pude llegar a Mélide antes que ellos, que son los que más y mejor andaban de cuantos conocí. Allí me esperaba un albergue superpoblado
de ciclistas que esperaban poder ser recibidos en el albergue Xacobeo. La hospedera nos calmaba diciendo que había que esperar, pero que habría cama para todos. Y así fué. El albergue Xacobeo ( 3€ ) estaba muy bien, en todos los sentidos. Pasé buena noche, descansé muy bien, tuvimos un ambiente muy bueno (gente de muchas partes, hasta 2 de Gibraltar…) entre los ciclistas. Antes de eso pasé por Casa Ezequiel (lástima la lluvia) a probar el pulpo, las patatas y a tomarme una botella de ribeiro con los cracks de Pamplona y con dos bilbaínos, uno de ellos mezcla de sabiondo, enterado, pringao y embustero.
Queriéndolo o no el día había sido otra vez largo, mas de 100 kilómetros nuevamente. Por último, decir dos cosas. Primero, que las bicicletas en el albergue se quedaban en la calle prácticamente. Y segundo, desde que se intuye Mélide hasta que por fin llegas, para un viandante puede ser un auténtico calvario. Como anécdota decir que me equivoqué y me metí en una finca con un cartel en el que me decían que en aquella zona había peligro por explosivos….pa matarse, nunca mejor dicho.
ETAPA 4: 5 de Junio de 2009. Melide – Santiago de Compostela.
Como ya he comentado, esa noche dormí bien. Quizá en mi subconsciente reverberaba la idea de que al siguiente día solo serían 50 kms. También he de decir que me tomé un whisky antes de dormir. Y eso ayuda.
Mientras me preparaba para emprender el camino me encontré con Enrico que me propuso que hiciéramos la etapita juntos (Su blog es siemprebici.blogspot.com). Después de tres días en solitario decidí aceptar la invitación.
Lo peor del día fue el tiempo, pasábamos del calor al fresco, del fresco a la lluvia, de la lluvía al calor, etc a cada rato. Así que en lo climatológico lo pasé algo mal. A los navarros se les veía acostumbrados. Pero claro, yo no estoy acostumbrado a la lluvia y al piso mojado.
En lo paisajístico los 50 kilómetros son espectaculares, un continuo subir y bajar, todo verde, pequeños pueblecitos, las gotas de agua no paran de caer de los arboles haciéndote dudar si llueve realmente o no,
la vegetación impide alargar la vista, no llegas a intuir lo que vas a encontrarte en el siguiente recodo del camino. Y claro, todo esto es muy agradable y entretenido. Lo único que empañaba esta maravilla era algún tramo en el que no había buena señalización, tuvímos que cruzar carreteras transitadas, etc.
Pero se llegó, después de mucho sube y baja, al Monte do Gozo. Y esto significa haber terminado el camino, desde allí todo es bajar hasta la consecución de la travesía. Allí nos fotografiamos los cuatro murcianos, Enrico, Javi y yo.
Seis kilómetros más y por fin Santiago. Llegada a la plaza del Obradoiro y a tomar la foto que acredita que se acabó. Hasta la siguiente ocasión. Sentimientos encontrados. Por último quiero decir que en Casa Manolo (a las espaldas de la Catedral) comimos como reyes por 8 €.
ETAPA 5: 6 de Junio de 2009. Santiago – Jerez de la Frontera.
Así como la ida hacia León, la vuesta de Santiago a Jerez fue otra odisea. Tomé el bus a la 16.00 (por cierto no me pusieron el más mínimo inconveniente con la bicicleta) y llegué a Cádiz a las 8.00 de la maana del 7 de Junio. Otra ruina total. Desde Cádiz a Jerez en tren de cercanías y se terminó el Camino de Santiago.
LOS NÚMEROS:
Distancia: 352 km. (80+115+107+50)
Tiempo: 27 horas y media.
Dias: 4.
Percances: No pinché, solo se me aflojó la cala del zapato izquierdo.